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Mostrando las entradas de Enero, 2013

Gato en la oscuridad - Laura Yasán

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Cada noche se acaba con los mismos oficios del día le quedaron los platos sin lavar la decena de veces que él la tocó porque si como se toca un gato piensa si tuviera testículos diría frases ocurrentes gestos tremendos a la altura del pubis le pesan algo le pesa no hay en la casa otro lugar donde apoyar la carga en el living la hija mira novelas mexicanas llora y resuelve largas ecuaciones en el cuarto la esperan testículos reales y el insomnio cada noche se congela los pies camino al baño tanteando oscuridad traga pastillas piensa tengo que conseguir otra receta piensa que menstruar cuatro días es un asco que adentro de lo que se elige siempre viene un paquete que no se elige piensa las hormonas son ásperas como la soga del ahorcado piensa. Laura Yasán ( Buenos Aires - Argentina 1960)

Cotidiana - Ana Sofía Franco

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 Detrás de la mujer de las sonrisas la del brillo fatal en la mirada existe una mujer desconocida existe una mujer no imaginada es la que se levanta cada día hecha por dentro y fuera una maraña la que prepara el café medio dormida y con susurros saca al hijo de la cama es la mujer de guantes amarillos para lavar barrer trapear la casa la que puede perderse en un poema y a su sueño le ganan las palabras la que siempre al descolgar la ropa limpia encuentra un par de medias que no encaja como no encaja el alma en la que existe, detrás de la mujer de las sonrisas y de la juguetona carcajada. Detrás de la mujer que te seduce o finge acaso ser la conquistada la que te envenena el cuerpo y te contamina el alma existe una mujer que desconoces mujer, madre imperfecta, hija, hermana la que trabaja, sabe tres recetas y no puede dormir sin dos almohadas mujer diaria la de siempre cotidiana. Ana Sofía Franco (Cali 1978)

Canción de amor de María - Cecilia Podestá

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  Los hombres que me amaron saben de la facilidad que tengo para destruir un mañana. Saben que duermo con la boca abierta despidiendo hasta la última luz que intenté robar de sus cuerpos y que poco obtuve. Los hombres que me amaron saben como es el hilo de mi llanto y el terco caer de mi baba, lo escucharon al dejarme y algunas veces y como una maldición quizá lo descubren intentando la nostalgia vana y pueden volver a oírlo como una canción errante y volver a amarme y dejarme con la misma facilidad con la que abren los ojos para convertirme en una pieza frágil en su memoria. Ellos saben que regreso a las viejas ciudades que destruimos juntos buscando el dolor que dejaron como cosas viejas para que alguna vez se hallen con sorpresa en nuestra vieja fábula mudada a un poema tan absurdo como este. Y saben tanto y tan poco de mi risa también de las promesas de mi boca de mi danza obscena y desesperada de las construcciones edificadas sobre sus frágiles espaldas y de los proye...